Nuestros puertos, que por un tiempo parecían ser el mismo, tenían un desvío abisal del que no hayamos más remedio que aceptar.
Lo afrontamos y volvemos a despedirnos, pero esta vez ya no bajo la tormenta, sino que más bien casi ahogados en nuestras decisiones y reacciones pasadas.
Bonito camino fue el que llenamos de alegría en un momento, sembrando sonrisas y cosechando un corazón que es de ambos y siempre estará para los dos. Esa cosecha de hace años atrás, ese corazón lleno de benevolencia y amor puro, nos unió por siempre.
En aquel camino que une nuestros puertos. De aquel inmenso océano que nos vio naufragar.
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