17.10.13

Como gotas de lluvia en medio del océano mis sueños y esperanzas se mezclan con la desdicha del malogrado amor en el que nos hemos envuelto. Y como si fuéramos náufragos de nuestros propios errores, buscamos ayuda y recurrimos una vez a la charla y compañía mutua, más nuestros intereses nuevamente difieren.
Nuestros puertos, que por un tiempo parecían ser el mismo, tenían un desvío abisal del que no hayamos más remedio que aceptar.
Lo afrontamos y volvemos a despedirnos, pero esta vez ya no bajo la tormenta, sino que más bien casi ahogados en nuestras decisiones y reacciones pasadas.
Bonito camino fue el que llenamos de alegría en un momento, sembrando sonrisas y cosechando un corazón que es de ambos y siempre estará para los dos. Esa cosecha de hace años atrás, ese corazón lleno de benevolencia y amor puro, nos unió por siempre.
En aquel camino que une nuestros puertos. De aquel inmenso océano que nos vio naufragar.


(Todos fueron testigos. Y todos en el puerto comentan de lo maravilloso que seria que volvieran a construir ese camino que une ambos lugares, ambos corazones.)

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